Te tengo enfrente, no eres más que el retrato de la frialdad incandescente que emites al mirarme. He soñado muchas veces con verte desvanecer... desvanecerte junto con tus frías palabras, que ya no hieren, sólo lastiman. Debo admitir que parte del daño causado, me ha permitido crecer, fortalecerme de una manera increíble; sin embargo, es una fuerza inútil que se destroza al mínimo roce de tu repulsión, disfrazada de condescendencia; inútil pero presente.
Hoy nuevamente siento esa lucha dentro de mi, entre la repulsión y la "admiración" que te tengo, dándole ventaja a la primera sobre la segunda sensación, y aún así siendo más fuerte la segunda que la primera.
Siempre he sabido que no soy lo que esperas, OH! GRAN SEÑOR, sin embargo, el respeto (que muchas veces se confunde con la lástima) es una virtud de sabios. Al practicarla, se convierte en un muy aceptable modo de vida (mírame a mi, como lo hago contigo).
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